ADIOS Y GRACIAS POR EL PESCADO
Opiniones sobre aquello que leo, veo o escucho... y algún que otro cuento de vez en cuando
“Si usted pregunta a su vecino que vio anoche en la tele (…) jamás le confesará que vio porno o que se “regodeó” con alguna banalidad. Todos explicamos que vemos en la tele sesudos documentales. Así que no pregunte a la gente lo que hizo o lo que compró: vaya al súper y obsérvelos, anote y estudie”
“Todos decimos lo que creemos que nos hace quedar como más inteligentes, más preocupados por el medio ambiente, más progresistas…”
Estas dos perlas las he extraído de una entrevista hecha a Allen Rosenshine en la Vanguardia del lunes 26 de junio. Este publicista de 67 años, nacido en Nueva York, no tiene pelos en la lengua cuando habla de publicidad, un tema del que sabe un rato. Una de las conclusiones al leer la entrevista es que las encuestas no son válidas porque la gente miente como bellacos, normalmente para quedar bien. Da lo mismo lo que la gente te diga, luego hacen lo que quieren y generalmente lo contrario. ¡Qué cosas!
Aunque soy una fan de las estadísticas, nunca he creído en las encuestas, de las que salen tantas y tantas estadísticas. Todos mienten, todos mentimos, por regla general. Cuando la gente es entrevistada no contesta con la realidad sino con lo que considera que es más acertado o queda mejor.
Todos tratamos de ser “cool” en algún momento de nuestra vida. ¿Por qué voy a confesar que me gusta ver “Salsa rosa” o que veo la peli porno si queda mejor decir que no me pierdo ningún documental del National Geographic?. Resulta más fácil contestar a preguntas como ¿Pepsi o Coca-cola? ¿Té o café? ¿Nesquik o Cola-cao? Porque no nos ponen en entredicho, pero aún ahí, según Rosenshine, también mentimos. Según comenta en la entrevista, la “chispa de la vida” pegó un patinazo después de realizar una encuesta sobre el azúcar en su bebida. También comenta una anécdota sobre los productos biodegradables. En una encuesta realizada a amas de casa, un porcentaje alto aseguró que compraría productos biodegradables a pesar de que su precio fuera superior. Pero la realidad es que después eso no se cumplía en el día a día. Ahí no es la mentira la gran protagonista sino el bolsillo. Cada economía da para lo que da, y aunque una quiera ser progresiva y ecológica, el presupuesto manda.
Si el tema de la encuesta es comprometido, tratamos de dar la imagen mejor posible. A la mayoría no nos gusta confesar que no somos tan progresistas y liberales como corresponde.
Lo que más gracia me hace son las conclusiones en forma de porcentajes sobre sexo. A todos nos va la mar de bien y echamos siete al día. Si nos preguntan sobre prácticas socialmente mal vistas, nadie las practica, aunque en la intimidad lo hagan o lo fantaseen.
Algo de bueno debe sacarse de las encuestas si se siguen haciendo, a pesar de nuestra costumbre de mentir o de embellecer la verdad. Pero sigo pensando, igual que Rosenshine, que a la gente, para saber lo que opina, hay que observarlos en su propia salsa y sacar conclusiones al respecto. Preguntarles parece ocioso.